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  • Mila Esker

RECONOCIMIENTO A CARLOR DIAZ ARKOTZA

Los que le conocieron decían de él que era un hombre culto y divertido, instruido, lector infatigable, afable, un buen amigo. Un hombre dialogante, optimista y elegante.


Su vida siempre estuvo ligada a un uniforme. Vistió varios, con diferentes insignias y de diferentes colores, pero todos con orgullo de pertenencia, con respeto y sin acritud; con honradez y rectitud.


Añorando a su tierra como buen bilbaíno, desde un desierto marrón de arena cálida a los verdes y húmedos prados de Euskadi se vino con su familia a vivir. Con una ilusión en la maleta y un sueño que cumplir.


La policía del pueblo vasco, la Ertzaintza, quería liderar y dirigir, y a sus miembros, a los que cariñosamente llamaba “sus muchachos” pretendía formar e instruir.


No fue fácil su cometido, su nombramiento fue controvertido.


El día de su toma de posesión, algunos militares que hasta entonces habían sido compañeros de profesión, le hicieron sentir incomprendido y eso le dolió en el corazón.


En el seno de la Ertzaintza sin embargo fue bien recibido. Aunque también hubo quiénes, ajenos a la institución, debido a su condición no le aceptaron y hasta le amenazaron.


Quizás pensaron que así renunciaría a su cargo como un sumiso, pero él se mantuvo firme y dijo “yo aquí sigo” , a pesar de que ya le habían dado algún aviso.


Además de valiente era un hombre de palabra, fiel a sus principios y a su compromiso.


Su final lo escribieron otros. Se sospecha, pero no se sabe quién, su asesinato aún está por resolver.


No hubo ni condenados, ni juicio, ni juez, solo sabemos cómo fue. Le pusieron una bomba en su coche en lo que se tarda en tomar un café; un jueves, un día de niebla, antes de las diez.


Los que hoy llevamos este uniforme por el que usted D. CARLOS dio la vida, le decimos que su memoria entre nosotros sigue viva y que su recuerdo está muy presente. Y como despedida le decimos,


Mila Esker y a sus órdenes mi superintendente.

J.R





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